viernes, 20 de junio de 2008

A mano

En escencia

jueves, 12 de junio de 2008

Tarde. Oculto a tus ojos. Dónde vienes? Los acordes suenan de la guitarra. El silencio de las nubes. El movimiento de las cosas. Los pretextos de los caminantes. No llegas todavía. Te buscan también las miradas. Los camaradas nos palmean la espalda. Las sombras duplican mis manos. La superficie tiene estrías de años. El recuerdo se adhiera aquí y acá. Te pienso. 

miércoles, 28 de mayo de 2008

So...

Uno aprovecha estos espacios para escribir querida, las horas parecen longevas pero no lo son. Espero que pases, que atravieses el estrecho portal que nos divide y encuentra. Frontera lenta donde quisiera detener tu avance agilísimo, distendido. Aparecen otras sin ser tú todavía, esta inquietud de mirar en los rostros ninguno como el tuyo. Debe ser el día, querida, debe ser que me desperté sin dificultad, el día que atesora un cielo nublado, un cielo de música Iver, que nos refrescó en la infancia pueblerina, que todavía dejamos que nos seduzca; pero te decía que es esta mañana la que me provoca estas ganas de verte, y entonces, como no apareces, te apareces en mi memoria, escasa de señas tuyas, pero tan verídica por los mínimos momentos que estuviste conmigo. eres el aire, el entorno, el silencio grandísimo de las que están pasando sin que tú seas, pero en todas ellas, en su manera de caminar, de moverse, te busco, te encuentro. 10:55 hrs.

jueves, 22 de mayo de 2008

De mañana

Querida, a veces, cuando hablábamos quería hablar contigo hasta quedarme dormido, quería hablarte más; quería verte y abrazarte por el teléfono. Después permanecía quieto y tranquilo en cualquier lugar en que me encontrara. Dormía, pensándote así (cercana). Te imaginaba en momentos en los que habíamos estado juntos, en la memoria de la que no recuerdo bien cómo va la frase, ¿recuerdas? Esa de la que te hablaba en las llamadas de noche, y de las que sonreías porque no lo decía como debía ser. Y, bueno, No hace mucho que llegué a casa, y recordaba el teléfono en mano, el teléfono que estaba sobre la mesa de trabajo, sin uso, sin su sonar. Hoy me comí un plato de fruta—de esa que tú solías comer—tendido como una alfombra. Debí haberte soñado varias veces mientras comía, porque lo segundo que hice después de abrir bien los ojos y ponerse la camisa fue empezar a escribirte esto: que quisiera abrazarte todas las horas que deba estar por aquí, que un beso es una forma de hablar tan bonita, y yo recordaba todos los que me enviabas.

domingo, 4 de mayo de 2008

Estas letras

Pienso en ti. En los vericuetos de la tarde, los laberintos. Tu pelo. Por las calles palpando las tonalidades del aire, metiendo las manos en los bolsillos. En la casa un cuaderno, un lápiz para poder juntar los besos, un computador. Un ponerse a coser silencios rotos. Tú. La sombra. Hay tanto viento por aquí. Y mañana. Tu nombre. El cielo que está en tus manos. La noche acá pronto. Tus ojos. El declive de la ciudad, sus orillas blancas y sigo pensándote. Escribiéndote. Cuatro patas en mis manos marcaron una hidrografía del color de mi camisa. No hay otra parte. Tus labios. Sí. Yo siempre en una esquina. La voz. Mi voz. La silueta y no estás. Pienso en ti, te busco. Tirito.

boomp3.com

viernes, 18 de abril de 2008

De antes

Algún día tendrían que salir
emerger a la superficie de las cosas.

Empieza a llover querida, y pues sí, qué sencillo resulta comprobar lo fácil que es echar a perder los papeles en blanco. Sabes que te beso en mis sueños, en todos los días en que no he escrito nada. Tengo una sola almohada—un regalo—;un sólo respaldar, el de esta silla en que te escribo, y un vaso. Mi risa: en la oscura habitación inclino mi cabeza. Pequeña, no me gusta hacer algo que no quiero hacer. !Mirad¡ la belleza de un oficio me ha encorvado: escribirte. Soy así, abro los párpados, no oculto el amor que llevo.
Te escribo porque qué bonito es escribirte, mientras las calles que dejamos afuera me esperan. Se parecen a ese altar oscuro de mi abuela, donde entraba a escondidas de niño, y donde vi cosas que no dije, y quebré un espejo, y no me persignaba
—te pienso mucho...
me gustaría escribirte toda mi vida, aunque digas que está bien si decido no escribirte.
—te hablo mucho en mi cabeza...
y aún, y a pesar de lo espeso y de las nieblas y de todo, y aunque nunca sea lo suficiente, sabes lo que siento.
¿Qué haces?—me preguntan—escribo.
Inti Inti—me dicen—sabes que hay alguien que siempre nos espía en la noche—lo dice mientras baila y canta, ella está cantando—Inti, sabes que hay alguien que nos espía en la noche—no...
—Inti Inti, es ella. Así que cuando caminas y pisas la sombra de los árboles, no es la de ellos la que pisas, es la sombra de ella, porque está en los árboles, porque está en las cosas.
Te acercan las palabras. Pero qué hacer. En la voz fuerte de mi padre triste que pregunta
—¿cómo está?,
En todas los tiempos, desde que llegué, cuando camino con Alonso y le cuento de ti, de tus cabellos vestidos de la noche.
Querida, míra cómo muero de ganas de ir a rodearte con mis brazos y no soltarte. Si estuvieras en mí, suave, agua continua; gota de mis sueños en mis blancos espacios de soledad. Quiero oír la música de tu cuerpo en la yema de mis dedos.
Y llueve poquito ya. Los cerros no se distinguen, o si se ven son sólo destellos, como esa hoja independiente en que te vi en la mañana. Se escucha la lluvia y tú afuera, iguales a un poema. Sí, estas allí donde la sangre canta, en las sombras de los árboles de las que cuentan, en lo desnudo del aire, en el atardecer que llega. Saldré pronto, mi querida, continuamente en tu búsqueda. Sabes? parece que las palabras no son de este mundo, si no cuando caen a tierra, semejantes a esta lluvia que cesa, a frutos o demonios.

domingo, 13 de abril de 2008

Recuerdo

"A veces escribir no sirve para nada. Ni siquiera para perder tu nombre. Me gusta tu nombre, es dulce y amargo. Me gusta tu nombre y estar aquí en el primer lugar en el que te vi."


La noche se aplaca. Permanente, permanece, Querida. Entre los fragmentos de abril, dejo salir palabras de la libreta. Estaba cuajadita de hojas, rellena de signos, ahora, lejanos. Me acuerdo que salía de “la Habana”, caminé entonces por Bucareli, hacía frío. Yo y los paseantes éramos los últimos a los que nos esperaba el metro. Pero yo desistí, pensé que podría hallarte en Obregón, o que quizá tu recuerdo se deslizaría en las rejillas de ventilación de Cuauhtémoc. Te busqué. Esquivé a los junkies que salían del “Alicia”; avancé, y me confundí con los densos árboles de Córdoba, y mientras caminaba los recuerdos iban engullendo los sentimientos de tristeza y de alegría, no había asombro, me sentía como un autómata que avanzaba con la necesidad de que se terminase la pila, la energía extraña, y a veces extraordinaria que me hacía escribir las palabras. Inventarlas para ti, querida. Esa noche, en que nuestra ausencia le abrió una herida al mundo, permanecí abrazado de una araucaria, entonces me aplaqué.

ps. Y cómo llueve. Oigo la lluvia y pienso más en ti. En el ayer -la repetición- me acerco a la ventana para entender -¿el qué? No sé. Para entender que estoy aquí y que hay otra forma de entender el mundo. Es extraño no lo entiendo bien. He pasado muchas veces por aquí, y no era así, digo el mundo. Yo cambié y entonces él también cambió. A veces tu cambiabas. Como cuando hablábamos.