Falsearé la leyenda Quiero pintar de blanco la hierba de la pradera P. Casariego 1976
y el compacto césped que recubre los jardines;
todos pensarán que venció la fuerza del desierto
y yo seré durante años el Dueño de la vida,
dejando que me acaricie la tibieza del sueño alado
y tiñendo al atardecer lo que brotó del rocío;
mi pincel será la cascada cuyo estruendo nunca percibo
y mi pintura las aguas que en ella se enroscan furiosas,
y los que por los aires naveguen
verán surgir la nieve del pecho abierto del Verano,
variarán de canción los motores aceitosos
y enarcarán las cejas los pilotos sin mirada.
Danzaré entre las hojas chamuscadas por el frío
y los demás conmigo,
pero ellos caerán extenuados
y sus músculos heridos servirán para tensar mi nuevo arco
y clavar en sus corazones suplicantes mensajes de amor
que sin duda secará el aliento de la lluvia;
y arrebataré a los niños la dejadez que me apasiona,
se marchitará colgada de las moreras,
como los plásticos sucios en el invierno espinoso.
Beberé el líquido que corre con el Nilo,
despojaré de su piel al fornido rinoceronte,
falsearé la leyenda y ésta me pertenecerá,
poseeré los campos de maíz y los quejidos sin motivo,
dividiré el tesoro del pirata para llevármelo entero,
y, llegado el momento,
cuando las ilusiones ahoguen el desengaño,
nada quedará sin ser devuelto
y mi alma os alegrará con una sonrisa.
martes, 9 de septiembre de 2008
En ti
sábado, 2 de agosto de 2008
Llueve neón
Abrazo.
viernes, 25 de julio de 2008
Salitre
Querida, hoy no estoy tan bien. Me sobrepongo recordándote. Anoche, noche de sabores y licores lamentaba mucho tu ausencia. Qué hacía allí sin ti, cómo quise poder despegar, dar un salto y estar donde estás tú. Pero no, la música, las luces rebotaban en mi cuerpo y atravesaban mis manos. Las palabras te acercaban, pero no sirve de mucho, porque aumenta la desdicha de no tenerte cerca. Pensé en la sierra, en un pueblito donde podríamos ir, subirnos a la pick-up blanca, y atravesar los nombres de la noche juntos. Pensé en los olores, tu olor de mañana, en miradas que salían de arrugas de antiguos señores, casi piedras, casi árboles. El viento frío me golpeó el rostro al salir, me recordó tu falta, sin embargo, su suavidad me dirigió. Querida, tan fuerte mi abrazo, tan largo este beso.
tuyo
jueves, 10 de julio de 2008
Ven
Querida, casi no veo en la noche, pero puedo “mirarte” en la hoja, encontrar tu nombre en la pantalla, tu nombre clavado en mí. Tu voz, que viene y que va, tu voz son estos minutos sin ti. Te decía que me sentía feliz, pero también triste. El camino a casa, con su pavimento de gotitas de plata, me hacía estar bien. Ir andando es sentirme libre. Voy pisando huellas del día, tristes huellas. Pensé, mi querida, que al final del camino estarías esperándome: imaginaba el movimiento de tu cabello al venir a mi encuentro, tu risa, la voz que pronuncia un te quiero, tu fuerza al chocar cuerpo a cuerpo: el abrazo. Tu ropa bonita, tu diadema brilla en la oscuridad de la calle. Pensar nos aprieta el corazón querida, mejor hay que apretar el paso, respirar este aire fresco donde habitas. Son las mejores horas del día, esta soledad enorme y tú misteriosamente hundiéndote en ella, en mí, en el intersticio de mis uñas.
jueves, 26 de junio de 2008
Edit
Descansa, querida, que el sueño sea un buen compañero, que llegue a donde no puedo estar. La noche me toca y mis manos están sucias, quisiera que de tinta fuera, por las tantas cartas que no te escribí, pero no, pero no, sucias de tanto vacío, de no tocar nada. Estoy aquí, sin mirarte, estás pero le haces mucha falta a mis ojos. Sólo estaban las calles y las cosas. Los recuerdos de los amigos se me amontonan mientras camino. ¡El espacio de la noche no basta para que quepan!, por eso caminé solo, recordándolos. Sus voces, sus risas, sus alientos y sueños, sus abrazos, me hacían pulsar el corazón. Y si en una esquina aparecieran: qué bueno que están de vuelta—les diría. Me siento cansado, como una línea transparente, diminuta.



