Como viejos sentados en los parques están las calles. Después de las nueve hay el silencio, el ruido solitario de tu recuerdo. La inmovilidad con fugas de ciempiés. Sabes podría pasar horas entre las cortinas como el gato de mamá que le teme tanto a "Agustín", mas escribo. También había un muro de rojo viejo. Me dieron ganas de dormir en él. En sus ventanas de vidrios azules imaginaba el placer de imaginarte dentro, en el pequeño hueco poliédrico a mis espaldas.
Permanezco callado unos momentos antes de que se restablezca el silencio. Sabes que vives sobre mi nariz, entre mis ojos, bajo mi frente. Sólo tus huesos son cómplices de mi ocio. Sí, si lo sabes. Te quiero.
Mi familia está bien, haciendo eso que les gusta: paseando, platicando, comiendo, viendo que afuera hace frío. Me gusta pensar que les encanta ver sus cuerpos proyectados en la sombra. Ahora es el tiempo en el que escribo de ellos y ellos hablan—quizá—sobre mí.
Yo creo muchísimo en tu vida. Es maravillosa.
lunes, 8 de diciembre de 2008
De martes primero
lunes, 27 de octubre de 2008
De allí para aquí
Querida, quisiera despertarme por la mañana y encontrarte entre mi almohada. A veces pienso que un día me faltaran las palabras, que por falta de uso se oxidaran. ¡Perderé el afán por el lenguaje!. Mujer, entonces estaremos lejos de la tristeza. Escribir, te escribía, o escribía sobre ti mientras caminaba en silencio. Deseaba tanto que estuvieras allí, guardaba y dejaba que esa ilusión me alimentara. Era bonito, era la tarde y la multitud de soledades corrían a pararse bajo un toldo: mujeres con listones en el pelo, hombres con impecables corbatas... muchos eran y muchas las gotas y mis ganas de volverme loco—porque me estaba volviendo—al buscarte en muchos rostros. Risas y desconsuelos de aquellos corazones descompasados que ni siquiera sabía que los existiríamos en esto que parece hoja—en tus cartas. La tormenta cesó, y nunca supe de qué manera llegaste. Dejo que me abrace el silencio. Ahora es de noche—siempre te escribo de noche—desearía que en vez de mis sábanas en la cama, allí estuvieras. Así te escribiría de otra forma: con mis manos. Así tu mirada sería luz en esta noche, tu voz sería un pacto entre yo y el silencio. ¿Qué escribo querida? Deberías de verme escribiendo, ver cómo me hundo en estos pedazos, en la locura de escribir por esta esperanza. Querida, mi poesía, mi flor, mi locura... si el tiempo fuese una llave goteando, si fuera tu locura. La locura de dos, escribiría alguien. Me siento como tizne oscuro mientras el pasado llega. Mis dedos de carbón
—tus dedos de carbón
Una vez me lo dijo alguien que tenía en sus memorias fragancias de miel y dulces, que siempre se asomaba por el hombro de la acera vigilando la calle, que nunca olvidaba la casa de infancia—siempre clara y alta y lo bastante amplia para las historias—decía. Yo le hablaba de los viejos huecos en los muros, del olor a humedad ladrillo y misterio. De un buzón de correo y decía: magia sencilla. Sólo olvido y recuerdo querida... pensar que tu nombre es arena por todos lados, que en cada carta se vacía y se llena de su propio secreto. Querida sibilina. Qué palabras decir, yo muerto de acciones. Quisiera preñar tus silencios y marcar con mi aliento tu camino. Te hablo con mi voz de martillo.
sábado, 18 de octubre de 2008
Menta y jazmin.
Querida, ahora que viva en un pedazo de tu piel; o en las hojas de una libreta, tal vez, y pueda, en un poro impregnarme con tu olor y no pensar.
lunes, 6 de octubre de 2008
Trayecto
Querida, lejos he estado de las páginas. Qué difici es, si ti, pocas palabras. Me tropecé con un dibujito de tiza, eso me hizo sonreír. Con un perrito—un labrador—que como yo, solos y en silencio husmeábamos tras vitrinas. Es que te cuento que deseaba estar rodeado de silencio, que nadie me viera y dejé la habitación y la posterior rutina: este feo hábito de terminar la jornada de trabajo y luego, ya sea por pereza, por acumulado cansancio, olvidarse de otras cosas, de leer por ejemplo; de los sentidos: de observar, de escuchar; de encontrar otro quehacer. Qué difícil sentir de esta manera, querida. Hubo momentos que desee hablarle y contarle a alguien, pero estaban metidos en lenguajes incomprensibles para mí. Hace unas semanas las voces del amuzgo eran llevadas por el viento y sonaban como cristales, en un silencio oscuro, donde tus ojos guiaban el curso del tiempo en el cielo. Hay tanto espacio para pensarte querida, eres quien rompe la planicie de esta vida que día a día pierde lo lustroso, como mis zapatos desgastados por tanto caminar buscándote, pensándote, acompañándome.
martes, 9 de septiembre de 2008
En ti
Falsearé la leyenda Quiero pintar de blanco la hierba de la pradera P. Casariego 1976
y el compacto césped que recubre los jardines;
todos pensarán que venció la fuerza del desierto
y yo seré durante años el Dueño de la vida,
dejando que me acaricie la tibieza del sueño alado
y tiñendo al atardecer lo que brotó del rocío;
mi pincel será la cascada cuyo estruendo nunca percibo
y mi pintura las aguas que en ella se enroscan furiosas,
y los que por los aires naveguen
verán surgir la nieve del pecho abierto del Verano,
variarán de canción los motores aceitosos
y enarcarán las cejas los pilotos sin mirada.
Danzaré entre las hojas chamuscadas por el frío
y los demás conmigo,
pero ellos caerán extenuados
y sus músculos heridos servirán para tensar mi nuevo arco
y clavar en sus corazones suplicantes mensajes de amor
que sin duda secará el aliento de la lluvia;
y arrebataré a los niños la dejadez que me apasiona,
se marchitará colgada de las moreras,
como los plásticos sucios en el invierno espinoso.
Beberé el líquido que corre con el Nilo,
despojaré de su piel al fornido rinoceronte,
falsearé la leyenda y ésta me pertenecerá,
poseeré los campos de maíz y los quejidos sin motivo,
dividiré el tesoro del pirata para llevármelo entero,
y, llegado el momento,
cuando las ilusiones ahoguen el desengaño,
nada quedará sin ser devuelto
y mi alma os alegrará con una sonrisa.
sábado, 2 de agosto de 2008
Llueve neón
Abrazo.
viernes, 25 de julio de 2008
Salitre
Querida, hoy no estoy tan bien. Me sobrepongo recordándote. Anoche, noche de sabores y licores lamentaba mucho tu ausencia. Qué hacía allí sin ti, cómo quise poder despegar, dar un salto y estar donde estás tú. Pero no, la música, las luces rebotaban en mi cuerpo y atravesaban mis manos. Las palabras te acercaban, pero no sirve de mucho, porque aumenta la desdicha de no tenerte cerca. Pensé en la sierra, en un pueblito donde podríamos ir, subirnos a la pick-up blanca, y atravesar los nombres de la noche juntos. Pensé en los olores, tu olor de mañana, en miradas que salían de arrugas de antiguos señores, casi piedras, casi árboles. El viento frío me golpeó el rostro al salir, me recordó tu falta, sin embargo, su suavidad me dirigió. Querida, tan fuerte mi abrazo, tan largo este beso.
tuyo


