martes, 24 de agosto de 2010

Agosto

Debo dormir. Debes dormir. Son las voces de la noche. Dónde te hallas. Llueve. Sabes que en este mes siempre llueve. Cuando llueve los grillos no cantan ni hay luciérnagas. Todo se esconde entre una espesa capa y sólo la memoria atrae a este presente húmedo su existencia. Hay tormenta en la costa, y tú llueves en mí. Esta noche sentí miedo cuando pensé que te olvidaba. Cruce la avenida con celeridad para alcanzarte en mis recuerdos, pero el miedo me seguía, transmutado en los perros, en las luces de viejos negocios, en el pelo puchunco de algunas mujeres, en el fusil maldito de policías, en la prisa que llevaba. Caminé por las mismas aceras de la ciudad, los árboles rotos, la falta de luz de las graderías; desee que encendieras una luz para llegar a casa. Fue en el silencio del espacio donde te extrañé y regresó en un abrazo a mí tu recuerdo. Hay fortaleza en estos actos querida. Me dejas seguir aquí aún que me sé de ti lejos. Hay reconstrucciones en mí. Aún siento miedo. Aún te extraño. Dejo caer el agua de la tinaja para ver la cosa en sí vacía: veo cómo el agua se esparce infinitamente hasta desaparecer el reflejo de tu rostro quieto y esta hondura que en mi pecho se ensancha hueca y oscura. Se va la noche, dirás que chocheo, pero no es por ti.BlogBooster-The most productive way for mobile blogging. BlogBooster is a multi-service blog editor for iPhone, Android, WebOs and your desktop

sábado, 27 de febrero de 2010

Hallazgo

En momentos ocupas muchos pensamientos míos. Me los robas aunque no lo sepas y te encuentres muy distante. No sé dónde estás ni tú sabes dónde yo estoy, pero tú me los robas, ¿sabes? En esos momentos sonrío pues me gusta que me los robes, porque recuerdo entonces nuestro caminar nocturno, nuestros abrazos, nuestros sitios públicos convertidos en privados recuerdos que me exaltan, eso fue bueno. ¿Habrás vuelto a pasear por esas calles de fachadas nutridas con colores de sandía? Tú eras como una sandía, con una infinidad de sabores y cascaritas.

Estuve coleccionando piedras muy cerca de aqui, junté muy pocas, y aparté una canica de vidrio que me gustaría darte, tal vez si me acercara al mar podría arrojarla y el espíritu de Alfonsina quizá la acercaría a tu orilla. Sin embargo estoy lejos del mar, pero estoy cerca de un río muy caudaloso que hace poco se desbordó por las lluvias; muchas casas y espacios de comercio se quedaron por un tiempo dentro del agua como en las ciudades de Calvino. Aún así es bonito aquí cuando llueve, estoy cerca de un bosque y todos los fines de semana madrugo para ir a caminar alla solo... Ahora también corro, muy, muy fuerte, lo hago de noche, cuando las horas del trabajo terminan. Quisiera subir la montaña también, pero fuerzas me faltan, no las físicas, fuerzas internas que no sé cómo explicar.

No te entretengo, me pondré a estudiar los colores para el cartel, a mirar las tildes, mientras te escucho en susurros.

martes, 1 de diciembre de 2009

Estrellas en el techo

Ya me llega el sueño querida. Me acuesto boca arriba, mirando el cielo raso. Pensaba en ese plafond de estrellas que me construiste. Días aquellos, cuando juntos teníamos no sólo las constelaciones. Podíamos si lo deseábamos hacer al mundo del tamaño de una hormiga. Pero no hay nada de aquello querida, sólo la pasta de yeso que colocó algún artesano. Iba a decir ‘albañil’ pero a ti no te gustaba esa palabra, decías que era como decir subordinado. En fin. Me llega otra noche lejos del tiempo ese que ahora recuerdo. Ese en que tus besos llenaban este cuenco tan profundo de la noche. Ese en que decías las palabras más bonitas y ahuyentabas mis miedos. Pero hay miedos que reptaron en el silencio de esos días y se vinieron y me siguieron y ahora se me revelan mostrándome el lugar en que no estás, mostrándome que sólo hay esta oscuridad nítida profunda, donde suelo terminar mis días sin ti, sin tus besos. Sé que el sueño ocultará pronto mi tristeza y podré descansar de estos pensamientos que siento, como ahora, se me entierran en la espalda. Cierro mis manos al impulso de escribir-te, cierro mis ojos.

lunes, 31 de agosto de 2009

Ausencia

sábado, 4 de julio de 2009

miércoles, 20 de mayo de 2009

Rain

Querida ha empezado la lluvia en la ciudad. Las nubes explotan por las tardes y dejan el suelo mojadito. Hoy he tenido la suerte de que éste estuviera seco y así pude caminar un poco más antes de llegar a la casa. Me entraron muchas ganas de caminar y dejarme acompañar por los ruidos espaciados del avance de coches, por los pasos detrás de los míos: tus ecos. No dejan de asombrarme las sombras y quise dibujarlas, como antes cuando caminábamos juntos. Me acuerdo de ese aguacero que nos arrellanó bajo el toldo, en Polanco, tú estabas tan fresca, con la piel tibia, habías salido de tus clases de natación, me decías que uno debía hacer por lo menos una hora de nado al día, tú hacías dos; pero ese día nos empapamos y toda tu belleza se transformó en pureza, el agua entrando por tus diminutos poros, resbalando por tu cabello y tu boca. Yo tenía sed -te dije- y tú me diste un beso largo, que me provocó un temblor, una emoción que anulaba días pasados e intensos. Qué distintas las visiones, cómo iba a saber que tus ojos, cada que me miraban, anulaban esa realidad, esa sensación breve de inmortalidad. Cada tiempo a tu lado devino en este momento, en este cruzar con precaución la avenida, en este minuto que pasa escribiéndote. Lluvias que lavan, lluvias atroces, hacen irregulares mis recuerdos. Querida, es este tiempo que llega siempre, la noche en la que espero.

martes, 12 de mayo de 2009

Lhasa

Querida, hay esta canción sonando adentro. Quisiera estar "hasta tu lado".

Gracias a tu cuerpo doy
Por haberme esperado
Tuve que perderme pa’
Llegar hasta tu lado

Gracias a tus brazos doy
Por haberme alcanzado
Tuve que alejarme pa’
Llegar hasta tu lado

Gracias a tus manos doy
Por haberme aguantado
Tuve que quemarme
Pa’llegar hasta tu lado