lunes, 10 de septiembre de 2007

Absenta

Estas cartas que alimentan monstruos y aniquilan las diminutas construcciones de la cotidianidad. Estas cartas, mal necesario para los enfermos de espíritu. Pero, tenemos que saber vivir sin ellas. Vivir de otras formas.

—¿Cómo?

Secretas acciones poéticas. Pero deben ser secretas, secretos rituales personales. Tú sabes de eso, de ti aprendí. Después aparecerá un nuevo campo santo para nosotros.

Absenta: es el licor más y fuerte y más deliciosos que he probado. Es un licor de poetas jóvenes.

en sus palabras: M.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Mutismo

Me llueve ahora lo que llovió hace dos horas. La lluvia detenida avanza por mi espalda. Puedo, si lo deseo, ponerla en la palma de mi mano, sólo basta mover la rama del árbol. El tiempo mejora, luce su sol el mundo, y los bordes del estado elevan una plegaria lejana. Debería ir a escuchar el grito de los hombres al kiosco, debería conseguir un pedacito de papel china y escribirte una, con la mano, que no fuera así, a palpos. Disculpa esta brevedad, sin embargo representa un nexo contigo. Disculpa este mórbido silencio de agosto, y que estas letras propaguen, como es mi deseo, simplemente, tu lindo recuerdo.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Aire

Siempre escribiéndote de aquí, querida. Ha empezado la mañana, desde que salí de casa vi las nubes tapar la cima de las montañas. Cuando me pongo nostálgico, camino en dirección a ellas, cruzo las estrechas franjas de calles del pueblo para llegar hasta donde el viento hace remolinos. La visión de los cerros al alcance de mis pasos y mis manos, me inclinan hacia ti, querida, tan asible pero a un mundo de distancia, de riesgos frecuentes. Este punto que no gira. Pienso que el viento que me atraviesa las manos, es el mismo que esperaba de niño, y a aquel cuando estabas a mi lado. Creo reconocerlo cuando mesa mi escaso cabello, el silencioso tronar en mi frente como un beso tuyo que se pierde a lo lejos de esa ladera. Si cierro los ojos y dejo que mi memoria mire, puedo verte a ti, en montañas y mares, en pavimentos de estaño, en las luces de la ciudad, cuando en ella la lluvia les había dejado un triste iluminar. Puedo ver tu cabello por donde pasaban mis caricias y la familia de mis dedos. Contigo estaba en casa. Entreveo tu silueta. Me gustaba sentarme allí, en silencio, a sólo mirarte, a contemplar la luz del día en tu sonrisa, las sombras de las nubes en tu cuerpo, cuando extendías en la tierra tu delicada figura, y con el cielo enfrente, escribías un mensaje de deseos, que iba descendiendo en la profundidad del espacio. Ahora no estás, querida, abro los ojos y existe la montaña, pero pienso que ella une con sus manos de tierra las existencias que me ha tocado vivir a tu lado. No es extraño el rumbo del viento que llega aquí, desde donde tú estás, a Chilpancingo. Los antiguos señores decían que soplaba más, que abundaba mucho, y en los solares y descampados, confluían las corrientes y su choque era bello y peligroso. Había tornados—los imagino diminutos—y remolinos acerados.

lunes, 30 de julio de 2007

Edición

Querida, como viejos sentados en los parques están las calles. Después de las nueve hay el silencio, el ruido solitario de tu recuerdo. La inmovilidad con fugas de ciempiés. ¿Sabes? Podría pasar horas entre las cortinas como el gato de mamá que le teme tanto a "Agustín", mas escribo. También había un muro de rojo viejo. Me dieron ganas de dormir en él. En sus ventanas de vidrios azules imaginaba el placer de imaginarte dentro, en el pequeño hueco poliédrico a mis espaldas. Permanezco callado unos momentos antes de que se restablezca el silencio. Sabes que vives sobre mi nariz, entre mis ojos, bajo mi frente. Sólo tus huesos son cómplices de mi ocio. Sí, si lo sabes. La familia está bien, haciendo eso que les gusta: paseando; platicando; comiendo; viendo que afuera hace frio. Me gusta pensar que les encanta ver sus cuerpos proyectados en la sombra. Ahora es el tiempo en el que escribo de ellos y ellos hablan—quizá—de mi.

martes, 17 de julio de 2007

En la niebla

Querida, te escribo de noche, impreciso, destacado en el rincón. Solo en mí, solo contigo, como si fuera parte de: ‘sola en mí’, canción de Sandra Mihanovich. Solo en parte, porque la música destaca por sobre todos los ‘ruiditos’, de la casa. En uno de mis primeros sueños, tú y yo estamos ocultos en una oscura glorieta de narcisos, en un jardín con dos leones de piedra. Y tú dijiste: me gusta la harina; me gustan las uvas; me gusta el turquesa de mi anillo. Me gusta el hielo; me gustan las orquídeas; me gustan los caballos blancos... me gusta el infinito punteado de diamantina en los dedos de mi padre. Un abrazo blanco, de tela de niebla.

martes, 19 de junio de 2007

Soy una metrópolis opaca

Querencia tengo por tu acento
Miguel Hernández


Dónde estás compañera, amarillo sobre negro. Fuimos tiempo somos recuerdo, anulando las palomas esperanzas, descendiendo a un agujero de luz, enterramos nuestros pasos en el pavimento. Ni todo el color ceniza de la tarde logra apartar de mí las imágenes de tus besos, dónde está el peso de tu compañía, hay sólo está ausencia de tu cuerpo. La nostalgia me abraza y lluevo sobre junio, avanzo pesado de tristeza, sin fuerzas de extrañarte tanto. Me guío con las lágrimas que corren, delante de mí, floto, y enfrente veo el paisaje: no existe la ciudad la luna, si mi corazón no se llena de tus ojos. Déjame repetir querencia tengo por tu acento, apetencia por tu compañía.

miércoles, 13 de junio de 2007

De ayer

Tú me faltas y lloro con la lluvia como el cucuy de Oliverio. En el parque los muchachos también lloran y aunque lloremos tú me seguirás faltando. Y otra vez solo, a patear las latas de siempre y dejarse perseguir por bolsas, saltar alguna línea del pavimento, dibujar sombras. Y no estás conmigo y ha sido así antes. Las ventanas están desnudas, desvestidas de cortinas. El olvido camina conmigo, puñetea el recuerdo, le da la mano; me llueve demasiado y yo lo siento en mis pies como en el principio. Ícaro me entiende, su caída es una esperanza, es hacerse para atrás, recuperar fuerzas. Es llorar amaneciendo y ver el hueco de la hondonada desaparecer: ese lugar que era todos los lugares cuando estábamos juntos, unidos en equis. Y tú escribes sin que yo aparezca en tus palabras. Hay horas sin final. Me encuentro solo sin tu abrazo querida, te hecho de menos, te extraño… en sueños, en mis alegrías. ¿Dónde estás para compartirla? Hay goteras en mi cuerpo. El insomnio es mi amigo, la noche es la cola de mi gato. Cuando despierto huelo a madera, soy una cosa. Programado así, por qué; un cuerpo agujerado, como el de los junkies de la séptima, hinchado de piquetes sentimentales, invadido sin piedad una noche de cualquier mes aquel año: no llovía, luces rojas, ojos rasgados; en lugar de árboles crecían edificios y nos daban las espaldas. How many years? para volver.