Que respirar tenga sentido, querida. Por eso escribo para respirar dentro de mis cuatro paredes, que construyó un albañil ha mucho tiempo; mira cómo pulso, cómo mis dedos se posicionan en las teclas, imitando los trabajos del constructor de casas; movidos por los impulsos, sí, quizá por los motivos de grabar en ti, de sentirte cerca. Ya empiezan a poner molduras de luces en las casas. Qué exacto el tiempo, querida, qué mueve a las personas para grabarse las melancolías en las fachadas y luego pararse allí, afuera y sentirse satisfechos... Ya casi no hay nadie. Ya empieza la noche helada. Ya se terminan las conversaciones. El tiempo se amotina, el tiempo se mata, y aprovecho este tiempo en que no estás y existes, porque puedo contarte que te quiero, porque puedo señalarte una ventana.
jueves, 15 de noviembre de 2007
Sin titulo
Querida, he pensado en ti otra vez, sin que por esta confesión quiera decir que me estoy lamentando, vaya que de cierta manera así es. Porque lamento es no poder escucharte hablar y que confrontes las cosas que te digo en mente cuando en ti pienso. También, escribo otra vez, por todas las veces que no estás y no estuviste, y no lo escribo por conformidad, querida, por dejar que las palabras pasen en la página, no lo pienso superficialmente, ni quiero decir que se me ha vuelto costumbre pensar en ti. Tú llegas libre y te enredas en mi tiempo sin enfadar, y así las horas… y las escasas conversaciones tienen levedad, sin decir, que la pesada vida, carece de intensidad, al contrario. Las revoluciones que hay en mí, cuando tú estás aquí, enderezan los momentos, y es entonces que el pasado pervierte mi tristeza, y los recuerdos tatúan mis acciones. Al pensar en ti te engendro, por eso escribo que vienes libre, sin las ataduras, sin las convenciones y convicciones, sin los resuellos que no me dejaban respirar. Te escribo, mi querida, desde este punto que es todos los puntos, sin pretender sonar místico; con las ganas de ser nuevo tiempo, como el que desgrana y modifica la mano de la abuela, como el que escribes tú cuando renuevas mi pensar.
lunes, 29 de octubre de 2007
La palabra que te dice.
Te pienso, te río, te lloro, te leo, te miro para existir un poco en esta hoja intangible. En esta carta que no se puede doblar, donde las palabras se ordenan doloridas. Te vivo, porque recordarte, nombrarte dentro de mí, me restablece, ahuyenta el pánico de mi mundo: territorio lleno de gente que aumenta la soledad de estos días en que empieza la estación álgida. Te escribo, querida, y tú no me ves, pero me retardo pensándote en la página que se va ordenando sin tu nombre, sin tu presencia, sin tus ojos enormes como esta luna de octubre; sin tus pasos de gato. Quisiera no tener que extrañarte, pero eso ocurre siempre como está noche infinita que no se cansa de esperarme.
—te extraño.
lunes, 22 de octubre de 2007
Incompleta
Querida, soñé contigo pero no eras tú. ¿Cómo explicarlo? Traías un ticket como en esa canción de la Chapman, había una estación de proporciones gigantescas, y tú estabas justo en el centro donde los viajeros entraban y salían de los andenes, algunos tristes porque tal vez dejaban un amor, otros contentos, porque en sus ojos podía ver cuanto habían extrañado su ciudad y el retorno les hacía cosquillas en los pies para de nuevo caminarla, reconocer sus largas avenidas. Y tú en medio de esta polaridad de sentimientos. Yo no sé por qué no bajaba, me quedaba desde ese rellano observándote tan preciosa, tan noble.
lunes, 10 de septiembre de 2007
Absenta
—¿Cómo?
Secretas acciones poéticas. Pero deben ser secretas, secretos rituales personales. Tú sabes de eso, de ti aprendí. Después aparecerá un nuevo campo santo para nosotros.
Absenta: es el licor más y fuerte y más deliciosos que he probado. Es un licor de poetas jóvenes.
en sus palabras: M.
miércoles, 5 de septiembre de 2007
Mutismo
miércoles, 1 de agosto de 2007
Aire


