viernes, 4 de abril de 2014

Arvo Pärt

My Heart’s in The Highlands… mi corazón no está aquí. Las cosas se rompen querida y entonces me imagino en la cumbre una montaña muerta, es decir deforestada, sin nieve, erosionada por nuestros pensamientos. Caminar, avasallar la tierra con estos zapatos que lastiman en cada paso la piel carcomida de mucho andar sin encontrar la senda que me lleve al borde donde estás. Estos días cortan como un filo nuevo, el nudo de mi garganta punza. Parece que mi interior quisiera escaparse de este cuerpo. Daba vueltas en el barrio, salía a buscarte, y justo en un cruce un conductor apunto estuvo de acabarnos la vida, digo acabarnos porque si me hubiera atropellado estas cartas no existirían y entonces tú desaparecerías de los sueños de los demás y del mundo. Me quedé firme, viéndolo. Su vista fúrica, como salido del purgatorio de Dante, su uniforme raído, su pelo chino, era un empleado apenas, un tipo que me maldecía profundamente como si yo representara cada una de las frustraciones de su vida. Y no tenía que decírmelo, me miraba aguantándose las ganas de pisar el clutch y acelerar para manchar la pintura roja de su coche con el tono rojo de mi sangre. Inmóvil me quedé enmedio de la calle hasta que el semáforo cambió de color, pero no dejaba de verlo, pensaba que esa noche ese individuo había matado un poco de la esperanza de hallarte.

sábado, 30 de junio de 2012

Nos han impuesto la memoria


Las calles querida con tantos nombres son una prueba de que la memoria es una imposición. Vacunados en el día a día por la historia de una cúpula gris que existe y nombra a todas las cosas. El luto de generaciones es un luto que se nos incrusta así como la tristeza y la violencia. Mis alegrías son mis silencios a ti cuando también cierro los ojos y miro este tiempo que habita en mí donde tú apareces para sostener en tu mano esta ficticia memoria de la ciudad. Si se desmoronara toda como el cartón mojado de las chabolas: ese universo lejano construido a partir de fijar un límite de terror en la ciudad, un cerco que impide habitar otra cosa que no sea esta memoria de nuestras avenidas. Te repaso querida como si te leyera en voz alta y mis voces se multiplican en el diapasón de las ventanas y quisiera sólo, aunque me convierta en un desertor, borrar de mí toda esta construcción de las cosas. Te quiero.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Calabozo

Son más los años que han pasado que los inciertos que vendrán: es más la vida la que rodea a la muerte, querida. De mis restos vivo. La memoria es ese regreso imposible. Pero yo te traigo a mí para sostener todas las voces. No hay futuro no hay nada más allá de la última sílaba que escribo. Ahora mismo provoco este pasar incierto de los ojos por las palabras y detrás de cada uno está tu rostro y aquellos lugares distantes—a pesar de su insistencia en los documentos. No hay fotografía tuya para llevarla conmigo en un camafeo como esos héroes antiguos. Espero, vivo seduciendo a las horas y a veces cuando la tierra se cubre toda de estrellas ya no sé qué esperar. Miro mis pasos torpes y en esos rastros la única huella que hay de ti es el silencio inmenso del mundo. Mis días acaban, acabarán y siempre, en cada uno de ellos hasta mi último aliento te revelaras ungiéndome con tu beso imposible mi cuerpo, destinado a padecer los calabozos de la tierra.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Cuando la batalla se hace rutina

Querida mis horas están contadas por relojes antiguos. Soportes de la memoria que escrutan toda parte de mí. La ciudad es depósito de cada artefacto consumido por el polvo y la novedad. Detesto lo nuevo, tal vez porque en cada nuevo oleaje no llegas, sólo espumas que se extinguen al contacto con la tierra con mi piel. Querida, la ciudad se alimenta de la espontaneidad que han programado sus habitantes, se llena de vagas luces que revelan su futilidad con el rayo de sol, tú dime, qué luz puede igualar a ese astro, el único sombrero que no he perdido en la rutina de la batalla. Al mirar esos parpadeos en la noche sólo pienso en ti y siento como si me quemaran los ojos. Cada color que brilla desaparece los puntos oscuros de la noche y esos para mí son hermosos: lunares de tu piel amada que me eriza la vida ante el peligro inminente de no saber de ti.

jueves, 14 de abril de 2011

Querida, a veces esta mañana

Tengo sabores amargos en la boca resultado de una velada lánguida y de tangos. A veces unas horas no bastan y el cuerpo nos exige variar de caminos. Caminos hechos del polvo de nuestros muertos. Yo no quiero ir por ninguno donde no estés a pesar de apisonar con cada aliento esta tierra de indiferencia de este país lleno de piedras. Cómo saberlo, cómo encontrarte en ellos. Yo imagino que cada camino contiene el peso de tus pasos, tu aire altivo de pájaros. A veces unas horas no bastan amor y de amor para besarte imaginariamente y la cabeza me reclama pensar en otras cosas. Escribirte cartas, por ejemplo. Anoche un hombre me preguntó mi edad y su voz insistente parecía que me apretaba los pulmones el hígado. Fue una noche caliente como lo son todas en este tiempo. Tal vez el temporal me susurre algo, una pista de ti un temblor en el cuerpo. A veces mis ojos cansados, doloridos por mirar al otro me convierte en piedra, tú mi corazón te lo quedaste.

jueves, 31 de marzo de 2011

Despertares

Dibujo en tu rostro una ciudad querida con el propósito de caminar. Que seas tú mi refugio ambulante, mi espacio etéreo. ¿Desde cuándo eres el exterior? Camino para reunirme contigo para esperarte. Camino por caminar pero con la sustancia tuya en mí. La ciudad de la que recuerdo sus calles como si de aromática intimidad se tratara, proyecta la imagen que de ti tengo y te salgo a buscar. Trazo el perfil de las sombras del día, recojo racimos de jacaranda, semillas, piso latas comprimidas, hurgo en las bolsas huecas de mercancía y a palma abierta siento la calidez de las paredes y su porosidad. Cada vez dando más pasos, perdiéndome para encontrarte, hasta que las horas cubran mis zapatos con su secreta oscuridad, y no pueda verte más en los vértices de la ciudad, pero mis ojos cerrados estarán nombrándote, ya con las estufas apagadas y en el silencio del cuarto.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Deriva

Ahora aquí sin tu presencia que imagino espiral, soltando palabras como muchas veces te solté el corazón. Aquí con mis puños rotos de tantas batallas escritas. El aire suena. El grillo te canta. El calor se cuela por la ventana. Ah, la alta noche respira cerca de mí. Me agarro de nada y estoy sostenido solo por la palabra. Los días marchan con curiosidad y tienen una fragancia funesta: me hacen olvidarme del peso de tus manos. Cuántas veces las sostuve al caminar a tu lado mientras dejábamos que el mundo se oxidará en los pasos de los demás a pesar de sus risas. Ese andar de calles--que recuerdo--es una mala piedra en mi zapato, porque recuerdo las buenas con las que cambiábamos de rumbo cada cuatro caminos. Aquí, querida, mentándote en secreto. Pensando en un tiempo que antecede a todos y que aparece lúcido en mi memoria: algo me hace imaginar que no ocurrió jamás, que yo soy una bolsa de plástico a la deriva. Mi habitación solo lo sabe. Conoce la grama de mis pensamientos. Te reproduce en su espacio hueco. Te llena con la sonoridad y la bella deformidad de los objetos. Te ensancha hasta el límite de los materiales que la contienen. Intenta sin fin hacer un modelo de ti y yo solo siento desdicha de que no puedas materializarte. De ver tu vista altiva traspasándome. De sentir tu boca de mar y tormenta. Te pienso tanto querida. El tiempo se encargará de que yo sea polvo y pronto solo seré una voz en mi habitación. Un eco que trascenderá su silencio. Tu silencio.